Los subsidios agrícolas:

Un reportaje sobre el cultivo del algodón en

Estados Unidos y Burkina Faso

 

ZONE LIBRE - Radio Canadá

Disponible en francés vía Internet:  http://radio-canada.ca/actualite/ZoneLibre/ (25 de marzo de 2005)

Animador: Jean-François Lépine

Reporteros: Georges Amar y Jean-Michel Leprince

 

Traducción del francés y adaptación: Jorge Parra - architextes@videotron.ca

 

¿Sabía usted que cada año se entregan más de 350 mil millones de dólares estadounidenses en subsidios a los agricultores en Europa y en los Estados Unidos? Esta suma equivale a cinco veces la totalidad de la ayuda internacional enviada a África. Estos subsidios en los países ricos tienen un efecto devastador en las economías como las de África, porque al utilizarlos, los agricultores de los países ricos pueden así vender sus productos en los mercados mundiales a precios extremadamente bajos, lo que constituye una competencia desleal para las economías del Tercer Mundo.

 

En el año 2004, los productores de algodón en los Estados Unidos recibieron más de 11 mil millones de dólares en subsidios, una fortuna que les permiten exportar a precios muy bajos. Una competencia que corre el riesgo de aniquilar a los pequeños productores del Tercer Mundo. Para solucionar esta injusticia, es necesario eliminar los subsidios en los países ricos. Por esta razón, cada vez más voces, entre ellas la de Canadá, se levantan para pedir la supresión de estos subsidios. Esto resulta particularmente grave en la industria del algodón, en la cual, gracias a los subsidios, los estadounidenses han llegado a ser los primeros exportadores mundiales.

 

Los periodistas canadienses Georges Amar y Jean-Michel Leprince realizaron el presente reportaje, comparando la situación de Estados Unidos con la de Burkina Faso, un país pobre, también productor de algodón.

 

**********

 

    John Pucheu vive en California y François Traoré en Burkina Faso.

    Estos dos hombres tienen muchas cosas en común: los dos son

    productores de algodón. Ambos son además líderes en su medio. John

    Pucheu es presidente de la Asociación estadounidense de productores

    de algodón. Él se considera un productor por encima del promedio.

    François Traoré se considera un productor promedio. A través de los

    años, ha llegado a ser líder de todos los productores de algodón de

    África el Occidental.

    

    Este año se prevé una cosecha excepcional a nivel mundial. Nunca se

    había producido tanto algodón. Pero para estos dos productores, eso

    no significa la misma cosa. En absoluto.

    

    JOHN PUCHEU afirma que el buen tiempo permitió este año una cosecha

    excepcional en California. Habrá mucho más algodón para vender. Dada

    su calidad, es posible permitirse vender más caro. Este será un buen

    año para el agricultor californiano.

    

    Hay tanto algodón en el mercado mundial que el precio de la libra

    cayó de 90 centavos el año pasado a menos de 50 centavos,

    equivalentes a 500 francos CFA en África.

    

    FRANÇOIS TRAORÉ, por su parte, afirma que a 50 centavos la libra y

    con una baja del dólar sin precedentes, el algodón africano corre el

    riesgo de desaparecer. La desaparición del algodón en Burkina Faso

    equivale a declararle la guerra a su país.

    

    No obstante, para John Pucheu y los productores de algodón

    estadounidenses un precio tan bajo no es grave, puesto que el

    gobierno de los Estados Unidos decidió colocar el valor de la libra

    de algodón de este país a 72 centavos. El gobierno pagará entonces a

    los productores la diferencia entre 72 y 50 centavos: a esto se le

    llama subvención. Y si el algodón estadounidense es subvencionado,

    es porque resulta muy costoso producirlo. Especialmente aquí, en

    California, en el valle de San Joaquín, el jardín de América.

    

    Aquí, el algodón resulta costoso para los contribuyentes y para el

    medio ambiente, dado que todo el valle de San Joaquín, California,

    es fumigado con paraquat, un defoliante que mata al algodonero. El

    paraquat o glifosato, es un producto muy tóxico. La fumigación con

    este defoliante sirve para desecar las hojas y acelerar la apertura

    de las cápsulas del algodón. Las hojas caen dos semanas después de

    la fumigación y no se corre el riesgo de que se manche el algodón.

    

    El rey algodón permitió crear la fortuna del sur de los Estados

    Unidos, puesto que la mano de obra no era costosa: los cosechadores

    eran esclavos negros traídos de África. Actualmente en California el

    personal es mexicano. Pero en todas partes, como en el caso de John

    Pucheu, no es numeroso: entre 7 y 30 trabajadores son suficientes.

    ¡Cuatro segadoras reemplazan cerca de 1000 a 1200 trabajadores!

    

    El algodón es empacado en módulos de 10 toneladas que el compresor

    deja tras de sí, al borde del terreno. La mecanización excesiva, el

    costo de la defoliación, los pesticidas, los abonos y el riego

    eliminaron a los pequeños agricultores. Sólo los propietarios de

    grandes extensiones pueden permitirse el cultivo del algodón.

    

    RICK WARTZMAN, autor de El rey de California: J.G. Boswell y la

    construcción de un imperio americano secreto (The King of

    California: J. G. Boswell and the Making of a Secret American

    Empire) afirma que la agricultura es una industria de varios miles

    de millones de dólares. Es una de las principales industrias en los

    Estados Unidos. California es el primer Estado agrícola del país.

    Este periodista y su colega Marco Arax, revelaron al mundo la

    verdadera amplitud de la producción de algodón en California en su

    libro.

    

    JG Boswell es el mayor agricultor de Estados Unidos y el más grande

    productor de algodón del mundo. Boswell encarna un buen número de

    agricultores de este valle. Ni Boswell ni nadie en esta empresa

    familiar tan cerrada habla, ni desea que se ocupen de sus asuntos.

    Tienden a hacerse discretos. Los campos de algodón de los Boswell

    son inmensos. ¡A pérdida de vista! Los Boswell descienden de una

    familia esclavista de cultivadores de algodón de Georgia. Cuando el

    algodón de Georgia fue arrasado por la enfermedad, se fueron a

    California. Siempre han sido más astutos que los demás. Mientras que

    los cultivadores de algodón se burlaban ellos, eligieron el desierto

    y un lago para hacer crecer el algodón: el lago Tulare. Lo desecaron

    completamente. Construyeron presas en los cuatro ríos que desembocan

    al lago. Lo dragaron, canalizaron, excavaron, encauzaron y

    prácticamente hicieron desaparecer el lago.

    

    El ingenio de los Boswell y el de otros grandes cultivadores ha

    consistido en hacer pagar las grandes obras de infraestructura a

    todos los contribuyentes estadounidenses. Gracias a ello, lo que no

    era más que un desierto tórrido se convirtió en el jardín de Estados

    Unidos, el valle de San Joaquín. Los costos de construcción de las

    cuatro represas en los cuatro ríos que irrigan el valle fueron

    asumidos por el Estado. El agua les resulta gratuita, o casi. Algo

    muy conveniente para ellos puesto que dicen que se requieren casi

    1000 litros de agua para producir el equivalente a una camiseta en

    algodón.

    

    Los Boswell controlan - o si se pudiese poseer un río - poseen

    alrededor del 15% del río Kings. Los derechos que poseen los Boswell

    sobre el agua podrían abastecer a una ciudad de 3 millones de

    habitantes. Los Boswell han sido muy audaces. Después de haber

    estado al borde de la quiebra, rápidamente intuyeron la conveniencia

    de los negocios recurriendo a los programas de ayuda gubernamental.

    

    Entre 1995 y 2002, la compañía Boswell recibió del gobierno federal

    de los EEUU más de US$ 10 millones de dólares en subsidios. En

    cuanto al algodón, es la segunda beneficiaria en subsidios en los

    Estados Unidos y la primera en California. Tan sólo en 1986 recibió

    US$ 20 millones de dólares.

    

    El objetivo del Environmental Working Group de Washington es dar a

    conocer al público todo aquello que resulta perjudicial para el

    medio ambiente. Para ellos, los subsidios ofrecidos por el gobierno

    estadounidense a la agricultura perjudican el medio ambiente al

    fomentar la superproducción. Richard Wiles, de esta organización,

    afirma que "estos subsidios son ofrecidos a los agricultores para

    colmar la diferencia entre el precio mundial y su precio de venta".

    Además, se ofrece subsidios a la gente, pues la ley estadounidense

    obliga a comprar este algodón para exportarlo cuando no tienen los

    medios para comprarlo, ya que resulta demasiado costoso, debido a

    todos los subsidios. Entonces, los compradores de nuestro algodón

    también son subsidiados en el marco de un programa llamado Etapa 2".

    

    Quienes reciben la mayor parte de los subsidios son las

    multinacionales de la comercialización, del hilado o los fabricantes

    de prendas de vestir, de toallas de baño o de colchones. JG Boswell,

    como comerciante de algodón, logró obtener una vez más US$ 6,5

    millones suplementarios en virtud del programa "Step2".

    

    John Texeira se presenta como un pequeño productor de algodón, pero

    la familia Texeira en su conjunto obtuvo US$ 2,7 millones, entre

    1995 y 2002. Ellos afirman que, con el precio actual de 50 centavos

    la libra, no les sería posible sobrevivir sin las subvenciones.

    

    John Pucheu y su hermano recibieron más de US$ 1,2 millones de

    dólares. El año pasado, los precios eran muy buenos. ¿Y que hacen

    los agricultores cuando los precios son buenos? Amplían sus

    explotaciones.

    

    Entre 1995 y 2002, el gobierno estadounidense entregó a sus

    agricultores US$114 mil millones de dólares en subsidios. Tan sólo

    para el algodón fueron US$11 mil millones de dólares en subsidios.

    Aunque George Bush prevé reducirlos, este año se esperan 4 mil

    millones en subsidios, tan sólo para el algodón. Suma equivalente al

    PNB de Burkina Faso, en África Occidental, donde el algodón es la

    única exportación posible, la clave de su desarrollo económico.

    

    FRANÇOIS TRAORÉ, productor de algodón de Burkina Faso, afirma que

    cuando el algodón se cosecha manualmente - como es el caso en África

    Occidental, en Malí, en Benín, en Senegal -, tan solo se retira el

    algodón. Es esto justamente lo que constituye la calidad del algodón

    africano, puesto que es el hombre quien lo recoge. Las partes negras

    que no son algodón, no se recogen. La cosecha en Burkina Faso toma

    dos meses. Es un trabajo que da esperanza, que permite a la gente

    ganarse su vida.

    

    El algodón africano es muy competitivo. Los costos de producción son

    muy bajos: no hay defoliantes, no se requiere riego, el algodón

    crece con la lluvia. Pero es necesario comprar el abono y los

    pesticidas. François Traoré afirma que la actual caída del algodón

    cubre apenas los productos que utilizan y el esfuerzo que la gente

    invierte en el trabajo. "¡Estamos hartos! Pienso que no hay nada que

    temer al decirlo, porque estamos a punto de morir. ¡Estamos a punto

    de morir! ¡Estamos a punto de morir!"

    

    François Traoré y los africanos, hindúes y brasileños opositores a

    los subsidios, hicieron  fracasar las negociaciones de la

    Organización Mundial del Comercio, en Cancún, en septiembre de 2003.

    En Ginebra, en el verano de 2004, lograron que la abolición o la

    reducción de los subsidios para el algodón fuesen negociadas

    separadamente. Brasil logró ganar ante la OMC su demanda contra los

    subsidios estadounidenses al algodón. Enseguida, Washington perdió

    una segunda vez en apelación. Pero la victoria, de ser posible, no

    es a corto plazo.

    

    ERNEST PARAMANGA YOULL, Primer Ministro de Burkina Faso, afirma que

    en África los subsidios son considerados injustos, puesto que allí

    se trabaja en condiciones difíciles, mucho más difíciles ciertamente

    que para los agricultores estadounidenses. Las consecuencias de esto

    son efectivamente escandalosas porque, dado que no reciben ni un

    justo precio ni una justa remuneración por sus esfuerzos, estos

    subsidios conducen al estrangulamiento de la economía de su país. En

    Burkina Faso más de 2 millones de personas viven directamente del

    algodón y alrededor de 6 millones viven indirectamente del sector

    informal del algodón. La situación llevará seguramente la gente al

    éxodo. ¿A dónde podrán ir? ¿A las ciudades? ¿A otros países?

    ¿Incluso a Occidente?

    

    Por supuesto, en California, la industria algodonera no está lista

    para poner de lado sus intereses. Ed Wandzell, gerente de Panoche

    Gin Firebaugh, asegura que ellos realmente necesitan los subsidios

    para competir contra el resto del mundo. Actualmente, en otros

    países, sobre todo en México, en China y en otros lugares, el costo

    de la mano de obra es de US$3 dólares diarios, mientras que en

    California, incluso sin instrucción, el salario mínimo es de US$8,50

    dólares la hora. Si la Organización Mundial del Comercio se

    entromete, probablemente sería necesario despedir entre 50.000 y

    75.000 empleados agrícolas en esa región.

    

    Tras la cosecha, los módulos de algodón se llevan a la fábrica de

    desmote. En esta fase, se separan las fibras de algodón de los

    residuos vegetales que quedan y, sobre todo, se extraen las semillas

    del algodón. El algodón es atado en bultos de 448 libras,

    aproximadamente 200 kilos. Un bulto permite producir 1217 camisetas

    para hombre, ó 750 camisas, ó 325 pares de jeans, o también 200

    sábanas de cama doble. No se pierde nada. Los beneficios no son

    despreciables. El director de la fábrica muestra las bolas de

    residuos de algodón que servirán, por ejemplo, para el  relleno y

    que se venden a 18 centavos de dólar la libra. Al otro extremo de la

    fábrica se almacenan las semillas de algodón. En California, éstas

    no son suficientemente ricas como para extraer el aceite. No

    obstante, son vendidas como suplemento alimenticio, pues son muy

    apetecidas por las vacas, cuya la leche resulta más cremosa. Toda

    esta industria tradicional del algodón se tiene en pie tan sólo

    gracias a los subsidios. Y el 70% de estos subsidios es dirigido al

    10% de los productores: a los más grandes, a los más ricos.

    

    Entre 1985 y 1995, los residentes de un acomodado barrio de Fresno,

    capital regional, recibieron 22.419 cheques por un monto récord de

    todos los subsidios agrícolas en los Estados Unidos: ¡103 millones

    de dólares! En algunas regiones de los Estados Unidos, en California

    y Arizona, hay importantes productores. Sobre todo en el sur. Estas

    explotaciones son gigantescas y, literalmente, sus propietarios

    "tienen en sus manos" a los senadores y a los miembros del congreso.

    El lobby de la industria algodonera es homogéneo, poderoso y está

    bien establecido en Washington. No obstante, los productores de

    algodón no se hacen ilusiones, ellos esperan la desaparición de los

    subsidios.

    

    John Pucheu cree que con las negociaciones de la Organización

    Mundial del Comercio, los subsidios en todas las economías

    desarrolladas terminarán por desaparecer algún día. Pero los Estados

    Unidos no quieren actuar unilateralmente, ya que sus agricultores

    serían perjudicados. Mientras que los subsidios del Departamento de

    agricultura lluevan cada año como maná, los productores no tendrían

    ningún interés en hacer ningún cambio. Después de todo, no están

    haciendo nada ilegal.

    

    Pero tienen otro factor en contra de ellos. En el cultivo del

    algodón existe otro costo oculto en California: el daño al medio

    ambiente causado por el uso de pesticidas, abonos y defoliantes.

    Además, el agua se hace cada vez más escasa en California. Ha

    llegado a ser una aberración querer seguir irrigando el desierto

    para producir algodón.

    

    Richard Wiles afirma que el agua utilizada para cultivar el algodón

    crea enormes problemas. Además de los daños ambientales en la

    región, producen una escasez de agua en las ciudades de California,

    donde los habitantes pagan el agua más cara. El agua es tan

    subsidiada para los agricultores, que para ellos resulta casi

    gratuita. Y se requiere mucha para el cultivo de algodón.

    

    Hace ya mucho tiempo que Don Cameron produce una gran cantidad de

    cultivos distintos al algodón. Cultivos que no reciben ninguna

    subvención, que requieren mucho menor cantidad de agua y que

    producen mucho más: viñedos, diversas legumbres, frutas, muchos

    productos biológicos y el cultivo de moda en California: las almendras.

    

    Don Cameron, productor de algodón concluye que ellos deben

    diversificarse. Actualmente, el cultivo de almendras es lucrativo.

    En 4 años, los precios se han casi triplicado. La mayor parte de las

    almendras mundiales es producida en California. No es posible

    cultivarlas en cualquier parte. Se necesita un verano caliente y seco.

    

    El valle de San Joaquín es tan fértil que desde hace mucho tiempo se

    diversificó. Se está esperando el fin de los subsidios, así que cada

    vez hay una menor cantidad de algodón en California, pues los

    agricultores se dirigen cada vez más hacia otros productos: la cría

    de vacas lecheras, frutas, verduras, flores. Algunos agricultores

    han cambiado el algodón por el pistacho. Y todos aquellos que no

    pueden o no quieren dejar el algodón han notado que los viejos

    zorros de los Boswell cambiaron completamente su producción por la

    cual no reciben ninguna subvención.

    

    Ahora cultivan el algodón Pima, una variedad de algodón egipcio de

    muy alta calidad, de fibras largas y resistentes. Su inconveniente

    es que resulta más difícil de cultivar, toma más tiempo y el riesgo

    es mayor por las lluvias de otoño. Es de mayor riesgo pero más

    rentable, inclusive sin subvenciones. El Pima vale más de US$ 1

    dólar la libra en el mercado, el doble del algodón tradicional. Sólo

    crece en el desierto, así que la competencia mundial es mínima. Sus

    fibras son más largas, magníficas, una de las mejores calidades de

    algodón del mundo. Don Cameron produce también algodón Pima, pero

    biológico, que se vende a US$ 1,50 dólares la libra, tres veces más

    que el algodón normal.

    

    Los agricultores californianos podrían sobrevivir perfectamente sin

    subsidios, sin perjudicar a los agricultores de África, ganando a la

    vez más dinero con otros productos.

    

    François Traoré concluye que los Estados Unidos son capaces de hacer

    vivir a sus campesinos. Ellos pueden hacer que sus campesinos

    cultiven productos que puedan ser rentables para ellos, sin

    subsidios. ¡Es posible! Deberían ser capaces de hacer que sus

    campesinos cultiven productos que les permita seguir viviendo, para

    así también permitir que este continente africano pueda vivir de su

    producción.