“LAS ELECCIONES DEL IMPUESTO ÚNICO” de ALEMANIA: UN ANÁLISIS DE JUSTICIA FISCAL SOBRE LA DERROTA CONSERVADORA.

Sven Giegold (*)

 

Durante los días que precedieron las elecciones alemanas del 18 de septiembre casi todo el mundo estaba seguro: la coalición conservadora liderada por Angela Merkel ganaría con un amplio margen y desplazaría del gobierno a la coalición roji-verde.

 

Dos semanas antes de las elecciones la CDU de A. Merkel junto con la CSU de Baviera        disfrutaban de los confortables 12 puntos porcentuales sobre la coalición de Schröeder que le daban los sondeos. No fueron necesarias más que dos semanas de intensos debates sobre los impuestos para que ese porcentaje se redujera a menos de un punto en el día de las elecciones. ¿Qué había tras el cambio de opinión de los votantes? ¿Y qué podemos aprender de lo que ocurrió?

 

La mayoría de los votantes alemanes estaban convencidos que la coalición de Schröeder había demostrado su incapacidad para sacar a Alemania de la crisis.

 

A pesar de que el programa de CDU/CSU de A. Merkel contenía una serie de reformas para aumentar la dosis de medicina neo-liberal, ya utilizada por Schröeder con poco éxito, los conservadores lideraban todas las encuestas en la decisión de los votantes durante varios meses.

 

En política fiscal, Merkel quería aumentar el IVA un 2%, hasta el 18%; bajar el tipo superior del impuesto sobre la renta desde el 42% hasta el 39%; y abolir varios tramos en los tipos impositivos sobretodo para las rentas bajas y medias. Este programa era la continuación de la política fiscal del gobierno de Schröeder, que ya había bajado aquel tipo impositivo sobre la renta desde el 53% hasta el actual 42%.

 

 Los conservadores nombran a Kirchhof, un reformador radical.

 

Aunque el programa de Merkel ya era duro, tanto ella como otros liberales radicales de su partido querían que lo fuera aún más. Y, estimulada por las favorables encuestas de opinión sobre la decisión de los votantes, Merkel nombró a Paul Kirchhof responsable de finanzas en su ‘grupo de sabios’’, con la promesa de un próximo nombramiento como ministro de finanzas en el futuro gobierno.

 

Paul Kirchhof es profesor de Política Fiscal en la Univesidad de Heidelberg y antiguo juez en el Tribunal Constitucional. En numerosas y muy controvertidas decisiones ha sido co-autor de la política fiscal alemana. Después de desplegar una gran actividad como juez, Kirchhof emprendió con la misma dedicación la campaña para la introducción de un impuesto único en Alemania, creando un grupo de expertos que redactaría nuevos códigos para el impuesto sobre la renta y para el impuesto sobre sociedades. Kirchoof obtuvo bastante apoyo político en sus propuestas.

 

Estas propuestas se basaban en tres ideas fundamentales: reducir el tipo superior del impuesto sobre la renta hasta el 25%; la abolición de tramos en los tipos impositivos; y, para que el programa no sonara tan brutal, la introducción de dos tipos bajos para las rentas más bajas. De este modo el elemento progresivo del sistema fiscal estaba salvado, se diferenciaba del impuesto único establecido en algunos países del Este Europeo.

 

Sin embargo, estas propuestas no se correspondían con las políticas  establecidas en el programa electoral de los conservadores, con lo que se creó una gran confusión entre los votantes. Si los conservadores llegaban al gobierno, ¿qué política aplicarían, la política establecida por el partido o la política defendida por Kirchoof? Aún peor: las propuestas de Kirchhof se manifestaban y veían como profundamente injustas. Muchos votantes no comprendían el concepto de reducción de impuestos para las rentas más bajas, pero todo el mundo entendió que los ricos pagarían sólo un 25% de su renta. El impuesto único fue visto como otra reforma que desembocaría en que los pobres tendrían que pagar por que los ricos fueran aún más ricos.

 

Los votantes alemanes rechazan el ‘impuesto único’

 

Las propuestas de Kirchhof dieron al SPD y a los Verdes la munición necesaria para lanzar un intenso contraataque centrado en los asuntos sociales. Los sondeos de opinión insistentemente anunciaban que el 70% de los votantes querían conservar el estado de bienestar. Al principio, la mayoría de los medios de comunicación apoyaban las propuestas de Kirchoof, pero la situación cambió al comprobar la indignación producida por el fuerte debate que se produjo. El impuesto único propuesto por Kirchoof hubiera creado un agujero de 20.000 millones de euros en el presupuesto público alemán. El CDU/CSU no pudo explicar cómo se financiaría ese déficit.

 

Al mismo tiempo, el Instituto Alemán de Investigación Económica, junto con ATTAC-Alemania, desmontaron la idea de que menos tramos de tipos impositivos de los ricos significaría que éstos pagarían más impuestos. Los datos estadísticos demuestran claramente que la gran mayoría de las personas con rentas altas acabarían en una situación mucho mejor con Kirchoof. En la campaña contra el impuesto único se utilizó el término alemán ‘Einheitssteuer’, (o ‘unique tax’), durante el debate público. Y ha sido así porque el término ‘flat tax’, como la mayoría de las palabras anglosajonas, suena moderno y ‘cool’ en alemán; ‘Einheitssteuer’, sin embargo, es un término que se parece más al antiguo ‘one size fits all solution’.

 

El 18 de septiempre, dos semanas después del nombramiento de Kirchoof, los conservadores de Merkel habían perdido ocho puntos porcentuales, se encontraban en una situación aún peor que Helmut Kohl en 1998. Dos días más tarde Kirchoof se retiró. Por suerte, pasarán al menos dos décadas antes de que partido alguno proponga de nuevo un impuesto único.

 

¿Qué lecciones se deben sacar de la experiencia alemana?

 

En las democracias occidentales, el concepto de impuesto progresivo está profundamente arraigado en la conciencia del público. Como se ha demostrado recientemente en Alemania, la mayoría de los votantes consideran que el impuesto único para todos, independientemente del nivel de renta, es una injusticia. Este sentimiento tan profundamente arraigado es un contrapeso esencial para rechazar los algunas veces seductores argumentos de los partidarios del impuesto único. La experiencia alemana ha demostrado que el público se puede movilizar incluso en el abstracto terreno de la política fiscal. Puesto que la idea del impuesto único se plantea también en otros países, son los centros de investigación, los sindicatos, periodistas, y otros grupos políticos y religiosos los que deben presentar contraargumentos que ayuden a movilizar a la opinión pública.

 

Está claro que las rentas medias sufrirían fuertemente con un ‘impuesto único’, siendo los perceptores de rentas altas los más beneficiados. Los que apoyan el impuesto único aducen que sus propuestas incentivarían el crecimiento económico, pero no existe evidencia que demuestre una correlación significativa positiva entre el nivel del tipo impositivo máximo sobre la renta y el crecimiento económico y el empleo. Los defensores del impuesto único también afirman que menores tipos impositivos son necesarios para competir en un contexto caracterizado por una competencia fiscal feroz. Por supuesto, la competencia fiscal es una realidad. Pero utilizarla para justificar que bajen los impuestos nacionales lleva a la creciente carrera hacia abajo (race to the bottom) que ya hemos visto en algunos países. Por el contrario, los políticos debieran centrarse en adoptar acciones efectivas contra la evasión fiscal y contra la dañina competencia fiscal.

 

 

(*) Sven Giegold es co-fundador de Attac-Alemania y Presidente del Comité de Dirección de la Red Justicia Fiscal.

 

 

Traducción: maría lópez