Brecha 872           

Para no perdernos en la crisis

 

Visto desde nuestro país, no es locura pensar que estamos viviendo una crisis de la estrategia neoliberal para resolver el problema del subdesarrollo.

 

César Failache

 

La estrategia se conoce bien, tiene buenos fundamentos teóricos, pero no convence. Es siempre la misma:

• Confía exclusivamente en el mercado y desconfía de toda acción del Estado, salvo para hacer comunitarias las pérdidas.

• Hay que ajustar, y ajustar, y ajustar, y ajustar, y ajustar…

• Hay que entregar la gestión de la economía a “los que saben”, es decir, las empresas trasnacionales, los tesoros de las naciones poderosas, y los gurúes economistas que nos traen las buenas nuevas de Washington por sus buenos contactos.

• Hay que entregar, en sacrificio al dios Pluto, toda posibilidad de autonomía: ¡mueran los estados subdesarrollados!

 

La estrategia no resuelve, con esas medidas, el problema del subdesarrollo.

¿Subdesarrollo? Sí, subdesarrollo: Es decir coexistencia de regiones, de países en las regiones, de ciudades y pueblos en los países, de vecindarios en las ciudades, de uno contra otro en la calle, de personas, en fin, que coexisten con una heterogeneidad de productividad (es decir producto por hora trabajada) alarmante.

No se generan puestos de trabajo en los cuales pueden florecer las productividades personales, y menos las sistémicas. La distribución condena a la exclusión a masas crecientes de población. ¡En la crisis actual le toca el turno a las capas medias!

Los datos son elocuentes: en el auge neoliberal no disminuyó la brecha de productividad con los países ricos y las desigualdades aumentaron. Las tasas de crecimiento del pbi per cápita de las diferentes regiones del plantea así parecen atestiguarlo.

 

 

Tasas de crecimiento anuales del pbi per cápita

 

Mundo

Países desarrollados

Países en desarro-llo

América Latina

África

Asia

Oriente Medio

Europa Oriental

1950-60

2.8

2.8

2.8

2.2

2.0

3.6

2.9

8.2

1960-73

3.1

4.1

3.0

3.3

2.5

2.9

4.8

5.5

1973-80

1.6

2.3

3.0

2.3

0.3

4.2

1.9

3.3

1980-90

1.4

2.0

1.6

-0.1

-0.1

4.9

-1.6

1.9

1990-99

0.8

1.8

2.6

1.3

-0.4

5.4

1.0

-3.8

FUENTE: cepal. Una década de luces y sombras, 2001, página 3

 

 

Performance económica de regiones y países de la periferia

 

pbi per cápita (ppp) en 1999

Tasa de crecimiento del pbi per cápita anual (%)

 

 

1975-99

1990-99

Países menos desarrollados

1170

0.2

0.8

Estados Árabes

4550

0.3

0.7

Asia del este y del Pacífico

3950

6.0

5.9

China

3617

8.1

9.5

Indonesia

2857

4.6

3.0

Vietnam

1860

4.8

6.2

Filipinas

3805

0.1

0.9

Corea

15712

6.5

4.7

Asia del sur

2280

2.3

3.4

India

2248

3.2

4.1

Pakistán

1834

2.9

1.3

Bangladesh

1483

2.3

3.1

Irán

5531

-0.9

1.9

África al sur del Sahara

1640

-1.0

-0.4

América Latina y Caribe

6880

0.6

1.7

Brasil

7037

0.8

1.5

México

8297

0.8

1.0

Colombia

5749

1.7

1.4

Argentina

12277

0.3

3.6

Chile

8652

4.1

5.6

Paraguay

4384

0.8

-0.2

Uruguay

8879

1.4

3.0

Europa del este y CEI

6290

(…)

-3.4

FUENTE: pnud, idh. Report 2001. Las mediciones en dólares están ajustadas de acuerdo a la paridad de poder de compra de las monedas respectivas.

 

La desigualdad, medida a través del índice de Gini (un indicador que muestra cuánto reciben del producto diferentes estratos de habitantes, aproximándose a 1 cuanto más concentrada es la distribución), muestra que la situación ha empeorado.

 

Desigualdad mundial del ingreso, 1988 y 1993. (Distribución de personas por ingreso per cápita) (a)

 

Gini 1988

Gini 1993

Desigualdad entre países

55.1 (88%) (b)

57.9 (88%)

Desigualdad dentro de los países

1.3 (2%)

1.3 (2%)

Componente residual (c)

6.4 (10%)

6.8 (10%)

Desigualdad total

62.8

66.0

Número de países

91

91

Ingreso per cápita promedio

2450

3160

Desviación estándar

2552

3591

Coeficiente de variación

1.04

1.14

FUENTE: cepal. Una década de luces y sombras, 2001. (a) Corregidos por su poder de compra (ppp).

(b) El valor del índice multiplicado por 100, y entre paréntesis se indica la contribución a la desigualdad.

(c) El componente residual muestra la parte de la desigualdad originada en la mezcla de personas de países de mayor y menor ingreso per cápita.

 

 

¿Cómo se hace para salir del subdesarrollo?

Está claro que reduciendo los niveles de producción, con políticas contractivas, no se soluciona el problema sino que se agrava. Ya lo vimos con la década perdida de los años ochenta.

Tampoco vendiendo el poder de decisión a empresas que no tienen compromisos firmes con los estados y con proyectos de largo plazo.

Menos con la renuncia al Estado y lo que en él pueda haber de herramienta democrática en la discusión efectiva de los ciudadanos respecto de la cuestión pública. Está planteada la amenaza de transformarlo en una instancia de autoritaria aplicación de decisiones tomadas en grupos cada vez más reducidos so pretexto de la crisis.

 

La cuestión financiera. Se puede objetar que lo anterior “ya se sabe”, y que no se ha dado cuenta de los problemas financieros, primer tema en la agenda de problemas.

De acuerdo. Pero a condición de reconocer que enfrentamos un capitalismo financiero que perdió los puntos de referencia. La búsqueda de ganancias de corto plazo, y la lógica especulativa que no puede tener horizontes como los que requiere el proceso de desarrollo se constituyen hoy en un obstáculo cuya importancia parece no haber sido prevista por los teóricos y hacedores de política de la globalización.

Ya lo habíamos vimos con la crisis de la deuda de los ochenta. Pero la euforia del retorno de capitales de los años noventa hizo olvidar a los gobiernos de turno que después de la euforia sigue la depresión.

Para la próxima euforia: no nos olvidemos de promover los proyectos de desarrollo sustentables en el mediano plazo. En economía se trata de llevar adelante círculos virtuosos de crecimiento. Está tan lejana la vuelta que hoy parece sembrar en el desierto. Pero este capitalismo es tan acelerado, que nunca se sabe….

 

El gráfico que sigue es elocuente de las condiciones que los movimientos de capitales han impuesto a la región. Allí se puede ver la transferencia de recursos de la región al resto del mundo.

El ciclo financiero aparece claramente dibujado. Sirve como un buen indicador de la crisis y de los fundamentos que tenía en los últimos años haber adoptado medidas para prevenir las penurias actuales.

En medio del descalabro tampoco queremos “demonizar” lo financiero. Las finanzas no son el diablo, por la sencilla razón de que ¡el diablo no existe!

 

Pelear por la justicia social a escala planetaria. No hay otra solución que lo que se hace, se repite hasta el cansancio. “Estaríamos peor, ustedes son burros”, se les dice a los que tratan de pensar de manera diferente.

A ver si la siguiente convence. Como el Uruguay tiene hijos, nietos, bisnietos, tataranietos de extranjeros en grandes proporciones, ¿no convendría un reconocimiento de los derechos de estos descendientes de los seguros sociales que gozan los ciudadanos de dichos países, a cargo de dichos países ricos? De esta manera se aliviaría la carga del Estado uruguayo en una proporción que puede ser significativa, destinando estos ahorros a aquellos que no tuvieron la dicha de ser hijos de extranjeros. Hay que hacer los cálculos. E ir pensando qué damos a cambio en este ámbito de solidaridad efectiva en que se concibe la medida.

Por otra parte, ¿no habrá llegado la hora de establecer sistemas impositivos más ecuánimes con respecto al capital financiero, con la colaboración del fmi, el Banco Mundial, el tesoro de Estados Unidos y otros tantos poderes y potestades?

¿No será la hora de definir una política agropecuaria en serio? ¿No será la hora de definir políticas industriales? En fin, queda mucho por hacer.

Tampoco quiero contagiarme del excesivo economicismo reinante, que la crisis agudizará en proporciones inimaginables. Por ello quiero convocar una voz que perdura, para que nos (me) recuerde que, como dijo Luis Pérez Aguirre:*

“Sigue en pie más que nunca la utopía de inventar y gestar una sociedad que sea incluyente de todos y no excluyente y olvidadiza de las mayorías. Una sociedad no basada en la apropiación privada e individualista sino en la solidaridad. Y este sueño no se ha evaporado con la irrupción autoritaria de la globalización mercantil, sino todo lo contrario. Ahora nos aguijonea imperiosamente para que podamos acceder algún día a considerarnos hijos e hijas de la alegría”.

 

* Desnudo de seguridades, página 61.