Entre Venezuela y Nadalandia

 

Eduardo Galeano

 

Extraño dictador este Hugo Chávez. Masoquista y suicida: creó una

Constitución que permite que el pueblo lo eche, y se arriesgó a que eso

ocurriera en un referéndum revocatorio que Venezuela ha realizado por

primera vez en la historia universal. No hubo castigo. Y esta resultó ser

la octava elección que Chávez ha ganado en cinco años, con una

transparencia que ya hubiera querido Bush para un día de fiesta.

 

Caracas (Venezuela)

18 de agosto de 2004

 

Obediente a su propia Constitución, Chávez aceptó el referéndum, promovido

por la oposición, y puso su cargo a disposición de la gente: “Decidan

ustedes”.

 

Hasta ahora, los presidentes interrumpían su gestión solamente por

defunción, cuartelazo, pueblada o decisión parlamentaria. El referéndum ha

inaugurado una forma inédita de democracia directa. Un acontecimiento

extraordinario: ¿Cuántos presidentes, de cualquier país del mundo, se

animarían a hacerlo? ¿Y cuántos seguirían siendo presidentes después de

hacerlo?

 

Este tirano inventado por los grandes medios de comunicación, este temible

demonio, acaba de dar una tremenda inyección de vitaminas a la democracia,

que en América Latina, y no sólo en América Latina, anda enclenque y

precisada de energía. Un mes antes, Carlos Andrés Pérez, angelito de Dios,

demócrata adorado por los grandes medios de comunicación, anunció un golpe

de Estado a los cuatro vientos. Lisa y llanamente afirmó que “la vía

violenta” era la única posible en Venezuela, y despreció el referéndum

“porque no forma parte de la idiosincrasia latinoamericana”. La

idiosincrasia latinoamericana, o sea, nuestra preciosa herencia: el pueblo

sordomudo.

 

Hasta hace pocos años, los venezolanos se iban a la playa cuando había

elecciones. El voto no era, ni es, obligatorio. Pero el país ha pasado de

la apatía total al total entusiasmo. El torrente de electores, colas

enormes esperando al sol, a pie firme, durante horas y horas, desbordó

todas las estructuras previstas para la votación. El aluvión democrático

hizo también dificultosa la aplicación de la prevista tecnología último

modelo para evitar los fraudes, en este país donde los muertos tienen la

mala costumbre de votar y donde algunos vivos votan varias veces en cada

elección, quizá por culpa del mal de Parkinson.

 

“¡Aquí no hay libertad de expresión!”, claman con absoluta libertad de

expresión las pantallas de televisión, las ondas de las radios y las

páginas de los diarios.

 

Chávez no ha cerrado ni una sola de las bocas que cotidianamente escupen

insultos y mentiras. Impunemente ocurre la guerra química destinada a

envenenar a la opinión pública. El único canal de televisión clausurado en

Venezuela, el canal 8, no fue víctima de Chávez sino de quienes usurparon

su presidencia, por un par de días, en el fugaz golpe de Estado de abril

del año 2002.

 

Y cuando Chávez volvió de la prisión, y recuperó la presidencia en andas de

una inmensa multitud, los grandes medios venezolanos no se enteraron de la

novedad. La televisión privada estuvo todo el día pasando películas de Tom

y Jerry. Esa televisión ejemplar mereció el premio que el rey de España

otorga al mejor periodismo. El rey recompensó una filmación de esos días

turbulentos de abril. La filmación era una estafa. Mostraba a los salvajes

chavistas disparando contra una inocente manifestación de opositores

desarmados. La manifestación no existía, según se ha demostrado con pruebas

irrefutables, pero se ve que este detalle no tenía importancia, porque el

premio no fue retirado.

 

Hasta ayercito nomás, en la Venezuela saudí, paraíso petrolero, el censo

reconocía oficialmente un millón y medio de analfabetos, y había cinco

millones de venezolanos indocumentados y sin derechos cívicos. Esos y otros

muchos invisibles no están dispuestos a regresar a Nadalandia, que es el

país donde habitan los nadies. Ellos han conquistado su país, que tan ajeno

era: este referéndum ha probado, una vez más, que allí se quedan.

 

 Eduardo Galeano         

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Equipo de Comunicaciones Hispano-Latinoamericano de ATTAC