“Atados   al   Mástil”

 

Nos es muy difícil-hablar de los veinticinco años que se han ido. Por razones de pudor, quizá. Pero, sobre todo - nos atrevemos a llamarlo así - por imperativo vital. Más que el pasado, nos preocupa el mañana.

Alguna vez dijimos que todos los jueves de todas las semanas durante estos veinticinco años, una vez que ponemos, en el taller; punto final a la tarea, comienza la preparación del nuevo número. Queda el repaso de los viernes, nuestros días de penitencia Examen de lo que se ha hecho, para descubrir sus defectos, más que para complacemos en sus pocos méritos; pero después, de la edición cumplida ya no se vuelve a hablar más.

Valery según Mondor - citamos de memoria - contaba que su padre le había enseñado a no olvidar, ni perdonar, Nos es difícil comprenderlo. Y no ha de ser por virtud. Perdonar o condenar es potestad que no nos pertenece. ¿Olvidar? Quizá no podamos hacerlo porque la memoria no se controla; pero lo cierto es que cerrado el cajón - y cuando lo cerramos es para siempre - ya lo acontecido no nos pertenece. Lo sentimos ajeno. Se diluye en la bruma y no nos vemos sumergidos en él; no concebimos cómo pudimos ser actores o testigos en él. Como todos, más que algunos quizá, nuestra vida, la vida de MARCHA, es también una suma de frustraciones; pero por suerte, pasada la hora de la auto crítica y la rebeldía, siempre hemos oído el llamado de lo que vendrá. Si decimos que la vida es una maravillosa aventura, decimos un lugar común; pero lugar común o no, es verdad.

O, por lo menos, así lo creemos. Hemos vivido veinticinco años. Adiós. Ahora debemos aprontamos a vivir otros veinticinco años más. U otro año más. U otra semana más. No hay retorno. Siempre se está en el principio. Como lo quería Goethe. Marchar adelante por encima de las tumbas. No atarse a cadáveres. A lo que fue y a lo que no fue cuando debió ser.

Y bien, hecha esta especie de confesión para limpiar el alma, tratemos de responder a algunas preguntas.

¿Qué ha querido ser MARCHA? ¿Qué quiere ser? ¿Cuáles son las características que le dan fisonomía? ¿Cuál, su definición?

Uruguay es un país subdesarrollado y semidependiente. Hacer la patria o re hacer la patria; hacer el país o reconstruirlo, nos ha parecido y nos parece que es la tarea fundamental de nuestro tiempo. Hecha la patria, lo demás, como dice el Evangelio, nos será dado por añadidura o habrá llegado el momento de conquistarlo por nuestro esfuerzo. Pero lo primero es lo primero. Y lo primero es hacer la patria, planear la fábrica, levantarlos muros, colocar el techo, trabajar el suelo, darle- lumbre al hogar, descubrir nuestro destino y reverenciar nuestros lares.

El nacionalismo de un país subdesarrollado, no es el nacionalismo de un país desarrollado. Estos pueden ser internacionalistas o declararse así y todavía habría que ver qué entienden por internacionalismo. Nosotros, los subdesarrollados, no. El internacionalismo es una creación de los poderosos que mantiene en la dependencia a los débiles. Que empiecen ellos, los poderosos, por renunciar a la fuerza y a los armamentos y a las protecciones económicas, iras los cuales se resguardan y prosperan y después, recién después, será llegada la hora de los débiles y sometidos. La igualdad entre desiguales ¡y qué desiguales! sólo ahonda la desigualdad.

Por eso nuestra lucha tenaz y obsesiva - no a veces, sino siempre -  contra el

Imperialismo. El  imperialismo – habremos  de repetirlo? - no es una creación de los hombres. Es la resultante de un sistema. Y recién ahora, se empieza a comprenderlo, según parece, que,  desde  el punto de vista de los países subdesarrollados, a la lucha de clases en lo interno, la antecede otra lucha de clases en el ámbito internacional: la de las naciones proletarias contra las naciones Industrializadas; la de las naciones pobres contra las naciones ricas; la de los países dependientes contra los países que los oprimen.

El imperialismo es un fenómeno general; pero, como es lógico, con variantes concretas. El enemigo de Argelia fue y es, el imperialismo; pero en primer término, el imperialismo francés. El enemigo de la India fue y es el imperialismo; pero en primer termino el imperialismo ingles. El enemigo de América Latina fue y es el imperialismo; pero en primer término, por razones geográficas, políticas y económicas el imperialismo de Estados Unidos, hoy por hoy, además - y las razones son obvias - el más poderoso y el más peligroso de todos los imperialismos.

El enemigo puede cambiar  también, en el tránsito histórico. Así una vez con quistada su independencia de Francia, puede que Argelia encuentre que su principal enemigo sea Estados Unidos. Así en estas tierras del Plata, y más especifica mente en estas tierras del Uruguay hasta fines del siglo XIX, debía considerarse que el primer enemigo era el imperialismo británico. Por la cuádruple influencia del descaecimiento de Gran Bretaña, la ascensión prodigiosa de los Estados Unidos, la proximidad geográfica con este país y su secuela de implicaciones políticas y económicas, y la nacionalización de los servicios públicos de los que fue desapoderado al capital inglés, hoy y aquí, d enemigo es el imperialismo de Estados Unidos.

El imperialismo fenómeno general, nos obliga a una solidaridad también general con todas sus victimas, que son nuestros hermanos. Las variantes concretas que asume el fenómeno, nos impelen, por otra parte, a utilizar tácticas distintas, sin olvidar el objetivo final. Cuba cercada y asfixiada por Estados Unidos, puede y debe buscar no sólo el respaldo de la Unión Soviética, sino también el de Gran Bretaña y Francia y aún el de la España de Franco, aunque esto pueda provocar estupor a algunos y a todos desagrade.

Hacer la patria es, hacer antiimperialismo. Hacer la patria es luchar contra el imperialismo. Por el antiimperialismo se llega al nacionalismo. Y a la inversa. Es verdad a la que siempre hemos permanecido fieles; la consigna primordial a la que deben ajustarse todos los pueblos subdesarrollados, con sus distintos grados de dependencia.

No creemos, no hemos creído nunca, que el régimen capitalista, fautor por otra parte del imperialismo, se compadezca con las necesidades y las posibilidades de los países subdesarrollados. No empleamos el término capitalista en un sentido peyorativo. No entramos, por el momento, a apreciarlo y juzgarlo desde un ángulo moral, no lo sometemos a un juicio de valoración, no discutimos la justicia o la injusticia que lo acompañan como la sombra al cuerpo, no planteamos siquiera la elección en un plano universal e histórico, dentro de un proceso dialéctico e irreversible.

Nuestra ambición siempre ha sido más modesta y nuestra preocupación más limitada.

Si para hacer la patria hay que luchar contra el imperialismo; también para hacerla, hay que luchar por el socialismo y al decirlo no pensamos en sectas o partidos que así se denominan o decoran. Nos situamos en el plano económico, y permítasenos agregar, aunque huela a pedantería y tenga un tufillo de vaguedad – los vicios que con la hipocresía, más odiamos - en el plano filosófico.

El socialismo, hoy y aquí, es para nosotros, un régimen de producción y un régimen de reparto. La planificación de la economía; la propiedad colectiva de los medios de producción; el cumplimiento implacable de la vieja fórmula: de cada cual según sus capacidades; a cada cual según su trabajo. El socialismo es, trabajo y técnica en primer término. Progreso económico para poder lograr el progreso social. Lo demás, es reacción o demagogia. En todos los casos; engaño o estafa.

No creemos - por el momento referimos a una convicción económica puramente ajena a la justicia - que la libre empresa, modelo occidental, modelo anglosajón o simplemente modelo Estados Unidos, pueda dar solución a nuestros males, servimos para construir o reconstruir la patria. Y tampoco creemos, como es lógico, que toda planificación sea buena, cualesquiera sean sus fines, cualesquiera sean quienes la proyecten y apliquen; o que todo se reduzca, verbigracia, a aumentos de sueldos, salarios y mayores liberalidades en el campo de las jubilaciones y pensiones. Engañosas conquistas muchas de ellas y cháchara venenosa que distrae a las gentes y les oculta las reales soluciones. Más allá de los “vintenes”, está el dominio de la gestión. El socialismo no es el pan y el circo El socialismo es repetimos, la gestión encomendada a los que trabajan y producen. No limita su fines a lograr salarios más altos, y exige, sobre todo que cese la alienación del hombre.

Esto lleva en el Uruguay, en el campo de las postulaciones concretas a defender las nacionalizaciones, a extenderlas y a limpiarlas de la politiquería que las pudre. No habrá nacionalizaciones reales y fecundas, mientras la dirección de las empresas no sea confiada a los que en ellas trabajan.

Lleva también a reclamar la reforma agraria que no consiste en un reparto aritmético de tierras, ni en reducir el área de la propiedad individual, manteniéndola.

Una reforma agraria que está impuesta por razones de producción y de pleno empleo del capital, que debe evitar tanto la conservación de la propiedad individual, como la centralización burocrática, que debe ceñirse a las peculiaridades del país y que debe utilizar al máximo, con prudencia y paciencia, las posibilidades de la organización cooperativa.

Lleva también a pugnar por una reforma de la enseñanza que procure el desarrollo de la investigación científica, acelere la formación de técnicos, desaloje el enciclopedismo libresco, se despoje de la demagogia conservadora que todo lo libra a una gratuidad que sólo contempla derechos y matrículas, rehabilite el valor del trabajo manual, vincule la escuela, el liceo, la Universidad, a la realidad nacional, es decir que también colabore en la urgente tarea de hacer la patria.

El socialismo es un humanismo. No se trata de lograr mejor y mayor producción por el solo afán de la producción misma. El fin de la economía es el hombre.

Su libertad, su dignidad, su poder creador. La alienación del hombre, la pérdida de su personalidad, son el signo y el signo de nuestra época.

“Menos comes, menos bebes, menos lees - escribía Marx en 1844 - menos vas al teatro, al baile, al café; menos piensas, menos amas, menos cantas, menos sufres. . . y más ECONOMIZAS, mas tu tesoro crece y ni la polilla ni el polvo, roerán ese tesoro, es tu capital. Menos personalidad tienes y más juntas, más débil eres de carácter y más importancia das a la vida exterior y por consiguiente más grande es la parte de ti mismo de la que te desprendes. Porque el dinero es todo eso y no es más que eso... es un poder autónomo que se alimenta de sí mismo y delante del cual todo el mundo se inclina. Devora toda actividad y toda pasión”.

Este humanismo, queremos creer, ha estado presente en toda nuestra prédica.

Hacer la patria, en lucha contra el imperialismo por lograr una sociedad más justa que devuelva al hombre su cabal dignidad, he aquí el propósito todavía vigente, a cuyo servicio hemos dado nuestras horas. Medir en qué forma lo hemos hecho, señalar nuestros errores, nuestras flaquezas, nuestras limitaciones, nuestros tropiezos y nuestros fracasos no nos corresponde. Sólo queremos agregar: que hemos trabajado sin esperar ni reclamar recompensa y siempre con una confianza cuasi religiosa, en el advenimiento del fruto.

Porque tenemos fe en el hombre y hacemos de él un fin y no un medio, hemos librado duras batallas contra los regímenes de esclavitud, de opresión y terror. El fascismo en sus formas confesas y en sus formas larvadas, ha sido nuestro enemigo y también la hipocresía democrática, a la que aquí rendimos culto, esa que cuida del envase y olvida la esencia.

¿Revolución? ¿Evolución? América está en las vísperas gloriosas de su segunda gran revolución. ¿Se cumplirá ésta por la violencia? ¿Qué sabemos?

Decimos - lugar común también - que ella asumirá distintas formas, según las latitudes y que deseamos ardientemente que sólo utilicemos la fuerza, cuando la fuerza de los otros nos obligue a hacerlo. Deseamos que no se confunda el deseo con la posibilidad. La rebeldía individual, por justa que sea, con la revolución. La sangre de los demás es cosa sagrada. La libertad también. No hay libertad sin patria, aun cuando pueda existir patria sin libertad. Quizá la historia nos empuje - esperamos que así no ocurra - a sacrificar temporariamente la libertad para hacer la patria; pero deberemos esforzarnos hasta el último minuto para qué la patria, único asiento posible, en definitiva, de la libertad se haga también sin desmedro de ésta.

¿Hombres de izquierda? ¿Hombres de derecha?  ¿Qué es la izquierda y qué es la derecha?  ¿De qué valen las etiquetas? Las que valen son las soluciones y la actitud y la conducta. Si por izquierda cabe entender el reclamo de un mundo mejor, la protesta frente a la injusticia el afán de marchar adelante e procura de nuevos horizontes, somos y creemos haberlo demostrado,  típicamente hombres de izquierda. Por estos días en una audición de televisión al formulársenos pregunta semejante a la que antes enunciamos, respondimos con hechos Por diversas razones, que no es necesario mencionar, algunos de nosotros, aquí en MARCHA, mantenemos vinculación bastante estrecha con dirigentes de las izquierdas francesas. Estas en el momento actual, y según nuestro leal saber y entender, no es el único error en que incurren, mantienen un cerrado antidegaullismo Y bien, hoy y aquí nosotros hombres de América Latina, no podemos acompañar a esas Izquierdas en su actitud. La nuestra, que difiere de la de ellas, está dictada por nuestra situación de país subdesarrollado y por nuestra lucha antiimperialista. De Gaulle, que fin de cuentas reconoció la independencia de Argelia, decisión que fueron ni capaces de adoptar las izquierdas, que estableció relaciones con China Roja, otra decisión trascendente que tampoco osaron las dichas izquierdas, es para nosotros y para todos los pueblos de este Continente, un adversario del imperialismo de Estados Unidos. Su nacionalismo no es el nuestro, como con sutileza lo hace notar Raymond Aron. De acuerdo. Pero su nacionalismo en la coyuntura histórica presente ayuda al nuestro. Los enemigos de nuestros enemigos son nuestros amigos.

¿Izquierda o derecha? En 1925, Stalin enfrentado a pregunta idéntica respondía: “Existen gentes que ¿creen que los leninistas deben apoyar a todos los vociferadores y neurasténicos de izquierda, que los leninistas son los que están siempre y en todas partes, más a la izquierda entre los comunistas. Es falso, camaradas. Estamos a la izquierda de los partidos no comunistas de la clase obrera. Pero no hemos jurado nunca, “estar más a la izquierda  que todo el mundo como lo quería Parvus, lo que le valió una reprimenda de Lenín. Entre los comunistas no somos ni “Izquierda” ni “derecha” somos simplemente leninistas. Pienso que esta pregunta no se me hubiera planteado, si se hubiese comprendido bien afondo esto”. No somos comunistas ni leninistas; pero la respuesta tiene un alcance general y explica también nuestra posición.

Nuestro eminente colaborador, el Padre Segundo, escribía hace poco en MARCHA que nuestros lectores “están más de acuerdo en lo que no quieren que en lo que quieren “

Puede que el sentido que le damos a la frase no se ajuste a la cabal intención de quien la escribió. Muy contentos estaríamos, si la observación fuera exacta.

Porque no hemos querido crear ni un partido, ni una secta, ni una escuela.; No tenemos discípulos, ni aspiramos a tenerlos. No tenemos partidarios, ni aspiramos tenerlos. No poseemos ni nos envanecemos de poseer verdades absolutas, simples, tajantes. Odiamos los dogmas y las fórmulas. Estereotipadas. Acaso el único aporte positivo de MARCHA a la evolución del país, ha sido ese, modesto y en manos de otros más capaces, fecundo. Plantear los problemas sin la mira puesta en los hombres que tienen la responsabilidad de resolverlos. Plantear los problemas y tratar de buscarles solución sin preconceptos, sin espíritu de sistema o de clan.  Abrir todo lo ancho que nos está permitido, la realidad nacional, al viento purificador y vivificador del espíritu. Optar por el análisis y despreciar la diatriba y  preferir, como en el verso de Machado, las voces a los ecos.

No hay retornos, decíamos en el comienzo de este largo autoexamen. Si los hay. Y no dejan de ser conmovedores. Porque después de haber andado tanto, debemos reconocer que hemos vuelto sin quererlo ni buscarlo, a los mentores nuestra adolescencia A Rodó que nos enseñó a reverenciar a los que nos vencerán con honor en los otros. A Vaz Ferreira que nos enseñó a desconfiar del espíritu de sistema y de las verdades acuñadas.

Y así estamos cara a los nuevos horizontes, ya brumoso el ayer, “atados al mástil” como nos lo recuerda en carta reciente un noble amigo. Navegar – marchar - es necesario. Vivir, no.

MARCHA, 26 de junio de 1964