NOVIEMBRE   ES   UN   PUNTO   DE   PARTIDA.

 

S i las fuerzas actuales no “sirven” aparecerán nuevas. La alternativa no es: o fuerzas viejas o fuerzas que las sustituyan. La verdadera alternativa es otra: o creamos esas fuerzas nuevas para una labor empeñosa, difícil, consciente o dejamos que ellas nazcan a impulso de los hechos. Los hechos no nos van a pedir permiso. Demorarán en dar sus frutos un año o dos o días; pero terminarán por darlos. El país carece de partidos capaces de gobernar, con posibilidades de gobernar. Los creará. No puede vivir sin ellos. Si los crea en el tumulto y en la desesperanza, nos aguardan días todavía más sombríos que los actuales. Si se adelanta a los acontecimientos y es capaz de dar forma a esos partidos por esfuerzo deliberado, en la libertad, habremos ganado una gran batalla. Y esa es nuestra carrera contra el tiempo. O encauzamos los hechos o los hechos nos desbordarán.

En semejante empresa, el socialismo tiene un papel decisivo, como lo tendrán también los partidos de otra filiación y otras raíces, conscientes de sus fines.

Las modalidades de este proceso no pueden preverse y sería estulticia intentar preverlas.

No referiremos sólo al Partido Socialista. Referimos al socialismo en general. No es ahora ocasión de decir si el programa del Partido Socialista tiene tales o cuales fallas, si se ajusta o no a la realidad nacional. Si el socialismo francés de Guy Mollet ha traicionado o no. Si el socialismo de Saragat ha renegado o no. Decimos algo más simple: el mundo actual se divide en dos campos, por encima de la geografía y aquí no cabe el aborrecido tercerismo; o se mantiene la organización capitalista o se crean nuevas estructuras de tipo socialista. Nuevas estructuras adaptadas a las peculiares condiciones de cada región, dentro del cuadro de una estrategia a escala mundial.

Aquí no cabe tercerismo, repetimos. El tercerismo es una actitud de independencia frente a dos grandes bloques nacionales que persiguen por encima de sus filosofías propias, intereses específicos también nacionales. Hay en todos los países, gentes que no quieren atarse al carro de ninguna de las dos potencias que se disputan el poder. Hay países, India, otros afro asiáticos, que buscan trazarse un camino independiente. La condición de América Latina, lo reconocemos, es más difícil. La geopolítica - expresión que está de moda - la coloca a la vera de uno de los poderosos combatientes. Pero aunque el tercerismo falle en su empeño, servirá, nos parece, para evitar o paliar los peligros de una sujeción mayor. De todas maneras es una batalla que hay que librar para salvaguardar cuanto se pueda de la independencia nacional. Una batalla por los fines y los intereses auténticos de nuestras tierras.

Por otra parte el socialismo debe ser nacional. Un país subdesarrollado no puede enarbolar las banderas del laborismo británico, suscribir los programas de éste, repetir y reiterar sus consignas.

En un país subdesarrollado la lucha por el socialismo es, en primer término, o al mismo tiempo, si se quiere, lucha contra el imperialismo. No puede haber equilibrio interno, mientras el desequilibrio creado por la explotación externa y la paralela desigualdad que la engendra, existan. El fenómeno imperialista debe determinar toda nuestra estrategia y toda nuestra táctica de lucha.

Pero dicho esto queda lo otro: en el fluir de nuestro tiempo dos corrientes se oponen, una lleva una organización socialista de los medios de producción; la otra, a mantener y reforzar la organización capitalista, sin perjuicio, claro está de que las formas de una y otra se entremezclen; sin perjuicio también de las más o menos dilatadas etapas de transición, de los retornos a la derecha - empleamos la palabra - y de los imprudentes avances hacia la izquierda, esos avances que Lenin nada menos, calificó de “enfermedades infantiles del comunismo” y estigmatizó.

Frente al dilema siempre hemos estado con el socialismo, con la concepción socialista. “Un socialista, - decía Jean Onimus en un breve estudio sobre Peguy - es, en primer término, con anterioridad a toda teoría social, alguien para quien la miseria existe. Una miseria absurda, injustificable que condena a una especie de infierno sin esperanza, a toda una porción, y la más numerosa, de la humanidad. Miseria física, material. El progreso de Peguy consistirá en descubrir, más allá de ésta, otra miseria, mucho más profunda porque no tiene remedio, inherente a la condición humana, inherente al tiempo, una miseria metafísica”.

Por eso, como ya lo señaláramos, nos extrañó la extrañeza, fingida o real, de los que en algún momento pretendieron ver en ciertas conversaciones con el Partido Socialista, una contradicción, cuando no una traición. Es hora de cumplir la promesa formulada hace algunos meses. No estábamos, personalmente, dispuestos a votar bajo el lema nacionalista en las elecciones próximas. Ya hemos dado abundantemente nuestras razones. Repetimos que bajo ese lema hace veintisiete años que no votamos, desde las elecciones de 1931. En las dos “salidas” electorales que el grupo político a que pertenecíamos hizo en 1946 y 1950, votamos con un lema propio. Algunos amigos creyeron que en 1958 no debíamos, como en 1954, abstenemos. Nos reunimos con ellos. Otros amigos hicieron saber que el socialismo estaría dispuesto a encarar soluciones comunes para noviembre de 1958. Ese fue el origen de nuestras entrevistas con algunos dirigentes de ese partido. De entrada quedó aclarado que no pedíamos ni aceptábamos puestos o candidaturas. Pero algo más se reconoció. Y es que el proceso estaba muy avanzado, que se carecía de tiempo y de organización y también que las disposiciones legales y constitucionales creaban una barrera transitoriamente insalvable, para una eventual alianza o conjunción. Otras conversaciones se sucedieron, para ver si se lograba hacer, al margen de la disputa electoral, un planteo común de algunos problemas y soluciones. Llegamos, nosotros, a la misma conclusión de antes, es decir, a la conclusión de que era tarde y así se lo dijimos en carta al Dr. Frugoni, de la cual, éste nos permitirá que reproduzcamos hoy y aquí algunos párrafos.

“Parto de estas premisas:

- Las dificultades del país - razones de orden interno; razones de orden internacional - son cada vez mayores. Seguirán en aumento.”

“Las actuales organizaciones partidarias son incapaces de encauzar, contener o solucionar esas dificultades. Refiero, como se comprende, a las organizaciones mayoritarias que son las que tienen o pueden tener directa o indirectamente la responsabilidad de gobernar. Las otras, entre las cuales se cuenta el Partido Socialista, carecen de fuerza. No es de ellas ni la responsabilidad, ni la posibilidad. ¿Qué hacer? ¿Puede hacerse algo? Teóricamente, los caminos serían varios.

“- Promover, desde adentro, la reforma a los grandes partidos. A esta altura de nuestra propia experiencia, definitivamente cerrada, no vale la pena recalcar la inutilidad de esta empresa.”

“- Afiliarse a uno de los partidos menores. Puede resolver un problema de conciencia. El de algunos. El mío, por ejemplo. No creo que en la carrera contra el tiempo en que estamos empeñados para evitar lo peor - ya se sabe qué es lo peor - esa solución, desde un punto de vista general, sea eficaz.”

“- Intentar sobre la base de las organizaciones constituídas - si es que además del socialismo existen otras - la creación de un frente nacional, de las llamadas izquierdas.”

“- En esta última hipótesis pienso que el socialismo, y excúseme que sin disponer de autoridad lo diga, tendría una tarea fundamental a su cargo. Habría de convertirse, sin perder su individualidad, y sus características, por supuesto, en el eje de esa coalición”.

“Si continúan dominando los actuales partidos mayoritarios, nos espera el caos. Y entonces la alternativa es clara, aunque muy difícil: o dejamos que nos arrastren al caos o procuramos crear fuerzas que se opongan al mismo”.

“Esta tarea no puede ser de ahora. Es decir no puede cumplirse en las pocas semanas que nos separan de las elecciones. No hay tiempo; no hay organización; las posiciones están ya tomadas?’

“Es una tarea de futuro. Del inmediato futuro que se inicia al día siguiente del 30 de noviembre próximo.”

“Si a los efectos de preparar el camino para esa eventual acción se considera útil hacer algo hoy, no podría negarme a ayudar en la medida de mis fuerzas Pero creo que ya los dados están echados y que cualquier actitud en ese sentido, por limpia y clara que fuera, daría origen a equívocos, a explotaciones mal intencionadas y en definitiva sería perjudicial.  Es preferible esperar. Ni el país ni sus males, por otra parte, desaparecerán con las elecciones.”

Eso es todo. Sin duda es difícil hacerse oir y más difícil hacerse entender. Sin duda y con mayor razón en estas vísperas electorales, todo cuanto queda dicho, puede tener extraña resonancia. Los políticos “prácticos” no se detienen en minucias y matices. Pero si de algo sirve nuestra crisis de conciencia, ahí queda expuesta. Puede que ayude a otros a encontrar su camino. Puede que contribuya a mostrar la verdadera faz de los hechos. No tenemos la presunción de creer que esa faz sea exactamente igual a la descubierta por nosotros. Creemos sí, que todos tenemos el deber de dedicar un momento al examen de la realidad nacional. Y si hubiéramos logrado que alguien lo hiciera y se inquietara y reflexionara, estos modestísimos artículos habrían alcanzado, más allá de toda esperanza, su objetivo. Una vasta tarea nos llama a todos. Para abordarla, empecemos por mirar, cara a cara, a la realidad. Por trazarnos, sin remilgos y prejuicios, los objetivos. Ni perezosos conformismos; ni desesperanzas inhibitorias. El conformismo y la desesperanza son las dos caras de una misma moneda.

MARCHA, 17 de octubre de 1958