Los 7 errores de quienes se oponen a « la » tasa

 

Jean-Marie Harribey

 

 Profesor de ciencias económicas y sociales de laUniversité Montesquieu-Bordeaux

Miembro del Consejo científico de ATTAC Francia

 

La tasa Tobin se está convirtiendo en un tema de debate importante en la vida política francesa, así como en el resto del mundo. Esta es una de las grandes victorias de ATTAC y del movimiento contra la globalización capitalista: haber impuesto dicho debate gracias a una movilización que surge desde abajo y a unos argumentos cada vez más densos y coherentes. Y todo ello, teniendo en frente a los lobbies financieros, a sus portavoces mediáticos o académicos y a sus grandes y leales lacayos políticos.

 

Sin embargo, como ya no es posible eludir la discusión, se están recibiendo ataques cada vez más serios destinados a controlar una ola ciudadana que los surferos de la ola liberal no tenían prevista. Es necesario, por tanto, aceptar el desafío y responder punto por punto a las críticas.

 

A principios de la década de los 70, los dirigentes del mundo occidental decidieron transformar los cambios en flotantes, dotar de una libertad total a la circulación de capitales y, algunos años más tarde, a partir de 1979, se tomó la decisión de restablecer la rentabilidad del capital elevando los tipos de interés, dejando que aumentara el paro para conseguir invertir el equilibrio de las fuerzas sociales a favor del capital. El economista James Tobin no había previsto la segunda fase de la operación, pero nada más conocer la primera, advirtió a sus colegas de que existía un riesgo grande de especulación y de inestabilidad financiera. En consecuencia, propuso instaurar una tasa de entre el 0,1 y el 0,5% sobre las transacciones de cambio, con el propósito de limitarlas. Dicha propuesta cayó enseguida en el olvido, engullida por el maremoto de la liberalización. Y ahora resurge, por iniciativa de movimientos populares, como una forma de resistir a los daños de la liberalización financiera.

 

Cajón de sastre ideológico

 

Los trabajadores cuyos empleos fueron sacrificados para que aumentaran las cotizaciones bursátiles y los ciudadanos de todo el mundo a quienes se ha venido diciendo durante décadas que debían someterse a las leyes del mercado, tienen ahora una razón para la esperanza: la lista de argumentos presentada por los enemigos de la tasa Tobin conforma un cajón de sastre heteróclito e incoherente.

 

Primer error. Uno de los primeros argumentos que se expuso era el riesgo de expoliación. Se nos dice (1) que por cada dólar que es cambiado 1000 veces en el transcurso de transacciones comerciales, si cada vez nos quedamos con un 0,1%, al final nos hemos quedado con un dólar de tasa por un solo dólar circulante. Sin embargo, en realidad se han producido e intercambiado 1000 dólares de mercancía con un solo dólar de tasa, y hablar de expoliación completa es una tontería.

 

Segundo error. Los expertos del Ministerio de economía y finanzas y del Consejo de análisis económico (2) temen que una tasa sobre las transacciones de cambio entorpezca demasiado la circulación de capitales. En boca de los expertos, esta frase es una doble confesión: que la tasa sería muy eficaz y que ellos han tomado la decisión de no meter mano a la sacro-santa libertad de circulación de capitales: « se ha llegado a un punto de no retorno en el movimiento de liberalización financiera » (3). Si la circulación de capitales fuera más lenta, ¿disminuiría en cierto modo la liquidez de los mercados financieros? Probablemente. ¿Y, entonces, dónde está el drama, si es sabido que la liquidez y la especulación van a la par ? ¿Serían los tipos de cambio más volátiles si disminuyera la liquidez ? Hasta hoy, siempre se ha visto la volatilidad aumentar en función de la liquidez. Los expertos liberales también temen que, de disminuir el volumen de las transacciones, los operadores financieros no puedan protegerse tan bien como ahora de los riesgos que corren. Y, sin embargo, la multiplicación de las coberturas en cadena disminuiría pero no se suprimiría, a no ser que, de nuevo, la tasa tuviera una eficacia milagrosa. Por otro lado, los riesgos se concentrarían más sobre los propios especuladores, porque verían limitadas las posibilidades de proyectarlos sobre la comunidad internacional.

 

Tercer error. Se acusa a la tasa de penalizar la inversión productiva al afectar de la misma manera a las transacciones a muy corto plazo y a aquellas que tienen por objetivo una inversión a largo plazo. Allí reside la astucia de la idea de Tobin: no es necesario diferenciarlas a priori. Es el propio especulador quien, gracias a las idas y venidas continuas que realiza, denuncia su propia especulación, la cual no ha escapado a la sanción de la tasa. El 80% de las transacciones de cambio corresponden a idas y venidas efectuadas en menos de una semana, es decir, al menos 104 transacciones en un año. Con una tasa del 0,1%, la penalización ascendería al 10,4% anual, más que suficiente para ejercer un efecto disuasorio si tenemos en cuenta que, en el mismo lapso de tiempo, no se suele esperar un beneficio mayor de las variaciones de cambio. Además, el Chile liberal del periodo post-Pinochet obligaba, durante la década de los 90, a todos los inversores extranjeros a depositar sin interés durante un año en el banco central el 30% del total invertido. El control de los movimientos de capitales es por tanto perfectamente posible, como también se ha demostrado en Malasia, el país que mejor se ha recuperado de la crisis asiática de 1997-1998, y en China y la India, los países que mejor resistieron aquella crisis. De hecho, las inversiones extranjeras son motivadas por causas ajenas a la importancia de los aranceles, siendo los principales el nivel de formación de la mano de obra y la calidad de las infraestructuras y del tejido económico circundante.

 

Cuarto error. La tasa es una utopía porque debería realizarse en todos los países del mundo al mismo tiempo. Nos entusiasma tal grito democratizador. La realidad es que el 80% de las transacciones de cambio conciernen a los ocho primeros países más industrializados y que el 88% tienen lugar entre cinco monedas : dólar, libra esterlina, euro, yen y franco suizo. ¡Y, seguramente por casualidad, la mayoría de los paraísos fiscales están localizados alrededor de dichos países!

 

Quinto error. La nuevas tecnologías de comunicación dificultan la localización de las transacciones y su control : la especulación, por tanto, conseguirá eludir la tasa fácilmente. La realidad es justo lo contrario. Toda transacción de cambio deja hoy en día un rastro en los sistemas informáticos que los propios bancos privados han ideado (4) para poder efectuar compensaciones. ¿Existirá la posibilidad de gravar con la tasa las operaciones múltiples que se realizan en el mercado de divisas con contratos de futuro, y que solo aparecen una vez, al término de dichos contratos? Una tasa más elevada específica para los contratos de futuro paliaría este inconveniente. ¿Cómo controlar a las multinacionales que se desplazarían a los Estados Unidos, cuando aún no se aplicara allí la tasa, para cambiar sus dólares en euros y luego volver a Europa, donde ya se estaría aplicando? Nada impide alargar el alcance de la tasa a todo desplazamiento internacional de fondos, incluidos aquellos que no se traduzcan en un cambio de divisa. ¿Y como impedir que empresas y bancos instauren medios de pago electrónicos privados? Existen ya en la actualidad acuerdos internacionales (5) que permiten a los bancos centrales negar el acceso al sistema de pago oficial a todo operador que se niegue a acatar la legislación. Sabiendo que una moneda privada no puede existir si no posee cobertura pública, el peligro de esquivar la ley puede ser controlado. Pero ello requiere, por supuesto, que la autoridad pública, tanto nacional como internacional, recupere el control sobre los bancos centrales, que la liberalización capitalista ha convertido en independientes.

 

Sexto error. Se trata de un movimiento coordinado de diversión, organizado por unos pocos ministros de economía de la Unión Europea. En lugar de una tasa sobre las transacciones de cambio, el ministro francés propone tasar el comercio de armas (6). ¡Muy buena idea, por qué no se le habrá ocurrido antes! Poco después de habérsele ocurrido, su primer ministro iba a Grecia a vender armas francesas, en plena luz del día; ¿qué pensar entonces respecto al comercio clandestino? El ministro belga declaró, después de haberse comprometido a estudiar la viabilidad de la tasa Tobin, que más valdría crear una moneda mundial única que acabara con la necesidad de hacer transacciones de cambio y, por tanto, con la especulación (7). ¡Cualquiera ve que hoy en día es mucho más fácil crear esa moneda que instaurar una tasa de un uno por mil sobre las transacciones! ¿Por quién nos toman? La palma se la lleva el ministro italiano, quien ha sugerido - prohibido reírse - una "anti-tasa" tipo cotización voluntaria de las empresas para obras benéficas o caritativas (8). Efectivamente, si las empresas en lugar de ser capitalistas fueran filantrópicas, el problema estaría resuelto. Los ministros citados en realidad tratan a los ciudadanos como si fueran idiotas.

 

Séptimo error. Está abocada a la manipulación pura y simple. A los partidarios de la tasa Tobin se les acusa de querer matar dos pájaros de un tiro: luchar contra la especulación y querer utilizar el producto de la tasa para la ayuda al desarrollo. En el caso de que llegue a ser aplicada en serio, o es eficaz contra la especulación, y entonces recaudará poco, o bien recauda una suma importante, siendo ineficaz, y el dinero puede ser destinado a ayudar a los países pobres. ATTAC es señalada con el dedo y tratada de irresponsable. Y todos los expertos se burlan de esta contradicción. Y sin embargo es exactamente eso lo que viene diciendo la asociación desde el principio: el objetivo es recuperar lo antes posibles el control sobre los flujos financieros. Pero como no somos tan ingenuos como para creer que, milagrosamente, la especulación se detendrá inmediatamente, la tasa generará un producto y lo mejor es utilizarlo de manera inteligente, y esto es lo que nuestros adversarios simulan no entender (9). Uno de ellos llega hasta el extremo de citar la ecotasa como contraejemplo (10). Pero es que toda tasa, sea cual sea su finalidad, lleva inherente esta dificultad, que nosotros nunca hemos escondido. Después el debate se desplaza sobre lo que recaudará la tasa. Las estimaciones son muy amplias, ya que todo depende del valor de la tasa y por tanto del volumen de transacciones que subsistirán. Si, por ejemplo, una tasa de 0.1% redujera las transacciones en un 20%, éstas bajarían de 360 a 288 billones de dólares al año, habiéndose recaudado 288 mil millones de dólares (11). Se nos critica que las estimaciones de ATTAC están demasiado hinchadas (12). Pero se da la paradoja de que el irrealismo y la incoherencia están en el lado de nuestros oponentes. Si, una vez aplicada, la tasa recauda poco, la especulación ha sido frenada de manera importante. Objetivo cumplido. Nosotros somos suficientemente realistas como para saber que la tasa es necesaria pero no suficiente y que, por tanto, por desgracia la recaudación corre el riesgo de ser elevada. En resumen, se critica a ATTAC por decir lo que no dice y por no decir lo que dice.

 

Por una tasa tipo Tobin

 

Llegamos al fondo del problema. La tasa sobre las transacciones de cambio es un comienzo y no un fin. Un comienzo de re-regulación política, para luego llegar aún más lejos: construir un mundo diferente donde la justicia prime sobre las finanzas y la solidaridad sobre el beneficio. La célebre tasa, objeto de tantos resentimientos, no tiene sentido si no se integra en un dispositivo más amplio, que abarque desde la transformación profunda de la fiscalidad que pesa sobre el capital, hasta la supresión de los paraísos fiscales y del secreto bancario, pasando por el control sobre los bancos centrales y la condonación de la deuda del tercer mundo.

 

La tasa sobre las transacciones de cambio puede servir de modelo a otra tasa que grabaría todo transacción financiera y, sobre todo, las acciones y obligaciones y todo producto derivado (13). Es decir, una tasa tipo Tobin, aplicable en toda circunstancia, incrementaría su eficacia debido a su generalización.

 

Es preciso hacer gala de inventiva frente a la fértil imaginación de los financieros. Paul Bernd Spahn ha propuesto la instauración de una doble tasa (14). Primero, una muy pequeña cuando la especulación sea moderada. Después, otra muy alta cuando se produzcan brutales ataques especulativos como los que reventaron el sistema monetario europeo en 1992 y 1993. Esta propuesta es interesante porque activaría una especie de túnel en los tipos de cambio autorizados, a partir del cual la tasa sería incrementada tanto como hiciera falta para hacer cesar la especulación. La liberalización financiera ha hecho que sea imposible la estabilidad y autonomía de las políticas monetarias nacionales o cooperativas en un contexto multinacional. Sin caer en un tipo de cambio totalmente fijo, la propuesta de Spahn permite recuperar cierta estabilidad. Además, una tasa tipo Tobin devuelve cierto margen de autonomía a las políticas monetarias. De este modo, con una tasa del 0,1% aplicada sobre las transacciones de cambio con plazo inferior a una semana, siendo el tipo de interés nacional del 4% anual, el banco central puede compensar una diferencia del tipo de interés de hasta 11,4 puntos con el extranjero (15).

 

La idea de la doble tasa y de la tasa variable puede ser de utilidad incluso en el caso de que la tasa no fuera aplicada más que por un grupo de países en el mundo. De este modo, podría crearse, alrededor de la zona euro, una zona experimental de tipo Tobin, con una tasa pequeña para las monedas de países que sin pertenecer a la Unión Europea sí pertenezcan a la zona tipo Tobin, y una tasa más elevada para el resto.

 

Los argumentos técnicos son una cosa. La finalidad política es otra muy distinta. Los adversarios de cualquier tipo de tasa lo han entendido muy bien. Se han percatado de inmediato de que, detrás de la recuperación de las ideas de Tobin, incluso en contra de la opinión de este último, se perfila la contestación de un sistema económico cuyo objetivo es el beneficio, de una globalización que amenaza con convertir en mercancía toda actividad humana, así como todo conocimiento y todo recurso natural y que, para conseguirlo, había logrado imponer a lo largo de veinte años la libertad total para el capital y la abolición de toda barrera al libre cambio, sumiendo a los pueblos más pobres en una competencia salvaje orquestada por empresas todopoderosas.

 

Tienen razón. De hecho se trata del único punto sobre el cual no se equivocan. El interés de la tasa Tobin reside en ser una herramienta que nos abre el camino para imaginar el post-capitalismo (16).

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1. D. Cohen, « Les mirages de la "Tobin Tax" », Libération, 29 junio 1998.

2. O. Davanne, Instabilité du système financier international, Informe del Consejo de Análisis Económico, n° 14, 1998, p. 42. Ver también Ministerio de Economía y Finanzas, Rapport sur la taxation des transactions de change, la régulation des mouvements de capitaux et sur les conséquences de la concurrence fiscale entre Etats, Informe presentado en el Parlamento en aplicación del artículo 89 del proyecto de ley de finanzas en 2000, 22 agosto 2000, http://www.finances.gouv.fr.

3. A. Gauron, « A la hora de crear un impuesto hay que saber qué es lo que se busca: generar recaudación o alcanzar un objetivo ético », Le Monde, 2 octubre 2001.

4. La red SWIFT (Society for Worlwide Financial Telecommunications) soporta 1 billón de dólares de transacciones en divisas al día. Y la red CHIPS (Clearing House Interbank Payments System) ve pasar al 95% de las transacciones interbancarias en dólares. En Europa, el Sistema automatizado trans-europeo de transacciones brutas en tiempo real (TARGET, Trans European Automated Real-time Gross Settlement) facilita la transferencia intra-comunitaria de grandes pagos.

5. Los « requisitos mínimos Lamfalussy », a partir del nombre del presidente del Banco de giros internacionales.

6. L. Fabius, « Je ne suis pas un "père-la-rigueur" », Le Nouvel observateur, 23 - 29 agosto 2001.

7. D. Reynders, « De bonnes questions sont posées, mais la taxe Tobin n’est pas forcément la meilleure réplique », Le Monde, 9 y 10 septiembre 2001.

8. G. Tremonti, « Pour une anti-taxe Tobin », Le Monde, 12 septiembre 2001.

9. Incluso el mismo Sr. Tobin, « No tengo nada en común con los patricios de esta revolución contra la globalización », Le Monde, 11 septiembre 2001.

10. A. Gauron, op. cit.

11. Partiendo de una tasa diez veces inferior (0,01%), H. Bourguinat calcula una recaudación de 28,8 mil millones de dólares. La incoherencia es la siguiente: la reducción de la especulación será independiente del valor de la tasa [H. Bourguinat, Finance internationale, Paris, PUF, 1999, tabla en p. 736]. H. Bourguinat se encuentra en la incómoda situación de reconocer que la liberalización financiera está al servicio de los intereses de los accionistas estando a la vez convencido de que "el capitalismo encuentra en ello su compensación" [op. cit., p.761]. Por tanto, por un lado, desde el punto de vista macroeconómico, las finanzas no aportan nada, sólo las empresas más potentes se benefician de la situación y, por otro lado, la liberalización financiera es la forma contemporánea de la crisis del capitalismo y de la reestructuración que pretende. Un tal Marx se había pronunciado antes sobre este punto, pero sus propuestas no aparecen en los manuales de finanzas.

12. H. Bourguinat, « Taxe Tobin : "Des grains de sable" », Sud-ouest, 26 septiembre 2001.

13. Ver S. de Brunoff, B. Jetin, « Taxe Tobin : une mesure indispensable contre l’instabilité financière », in Appel des économistes contre la pensée unique, Les pièges de la finance mondiale, Paris, Syros, 2000, p. 183-206. Contrato a plazo en divisas (forward): Los operadores se comprometen a comprar o vender una cierta cantidad de divisas en una fecha, y a un tipo de cambio fijados de antemano. Contrato de futuros en divisas: Los operadores se comprometen a comprar o vender una cierta cantidad de divisas en una fecha, y a un tipo de cambio fijados de antemano, en un mercado localizado en un lugar concreto. Opciones en divisas: título que otorga el derecho (pero no la obligación) a su portador (el comprador de la opción) de comprar (opción de compra) o de vender (opción de venta) una cantidad determinada de divisas en una fecha y a un precio (precio del ejercicio) negociados de antemano, mediante el pago de una prima. Producto derivado: activo financiero derivado de otro activo (el subyacente), acciones, obligaciones, materias primas, tipos de interés, tipos de cambio, y que sirve para salvaguardarse de los riesgos relacionados con la incertidumbre en cuanto al valor futuro del subyacente. Swap de cambio: trueque temporal de devisas entre bancos deseosos de modificar la estructura de su tesorería en divisas para protegerse contra un riesgo cambiario.

14. P.B. Spahn, « The Tobin tax and exchange rate stability », Finance and development, n° 33, juin 1996, p. 24-27.

15. Ver B. Jetin, « The efficacy of a currency transaction tax », Conferencia « Taxing currency transactions, From feasibility to implementation », Halifax Initiative, Vancouver, 4 - 6 octubre 2001 ; Ministerio de economía y finanzas, Rapport sur la taxation des transactions de change,… , op. cit.

16. Para saber más sobre la tasa Tobin, ver ATTAC, « Tobin, tout de suite ! », Attac, 2001 ; F. Chesnais, Tobin or not Tobin ? Une taxe internationale sur le capital, Paris, L’esprit frappeur, 3ème éd., 2000 ; J.M. Harribey, « La taxe Tobin contre le capitalisme financier ? », Economie et politique, n° 267-268 (540-541), juillet-août 1999, p. 39-42.