A  65  años del asesinato de León Trotsky.-

 

En agosto de 1940,  estabamos en plena 2da. Guerra mundial, la revolución española había sido derrotada, toda la dirección bolchevique de 1917 asesinada, y el mundo parecía no poder reponerse de tanta barbarie.-  La guerra exacerbaba los nacionalismos y las ideas de Marx y Lenin parecían definitivamente enterradas, en aras de concepciones fuertemente estatistas.- Es más, uno de los estatismos más criminales se vestía con un ropaje “leninista”, que aún hoy es difícil desmistificar, cuando no se sabe diferenciar el stalinismo del leninismo, y se contrapone erróneamente, los pensamientos de Lenin con los de Rosa Luxemburgo.-  Los dos pasaron por la prueba de la vida, Lenin comandando la revolución más profunda que ha conocido la humanidad; que tuvo que tomar para vencer el programa de estatizaciones,  del comunismo de guerra, del cual no pudo salir y fue derrotado por el stalinismo.   Rosa no pudo con los sectores del imperialismo alemán  que la asesinaron, ni bien pudieron, como forma de responder a su temor a la revolución social.-  Lenin y Rosa fueron derrotados, pero sus ideas es necesario examinarlas hoy para ver en que mundo vivimos y que perspectiva real de progreso social tenemos.-

 

En agosto de 2005 nos encontramos con este análisis:

 

Capitalismo, un juego para pocos

Por Jeremy Rifkin

 

En el vigésimo aniversario de la Perestroika, el ex primer ministro ruso Mijail Gorbachov organizó el Foro Político Mundial en Turín, Italia. Gorbachov me encargó un discurso sobre la situación del mundo veinte años después de que él lanzara su famosa iniciativa reformista que marcó el principio de la caída del comunismo en Rusia y en Europa central y oriental.

"Con la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la URSS -dije entonces-, el capitalismo disfruta de un campo de juego global en el que, libre de adversarios, impone su voluntad al mundo". La realidad es sombría.

 

En la actualidad, mientras las ganancias empresarias experimentan un rápido ascenso en todo el mundo, 89 países se encuentran en una situación económica peor que a principios de los 90. El capitalismo aseguró que la globalización reduciría la brecha entre ricos y pobres. Pero esa distancia no hizo más que aumentar.

 

Los ideólogos del capitalismo prometieron conectar a los desconectados e incorporar a los pobres a la aldea global tecnológica. Las dos terceras partes de la humanidad todavía no hicieron ni un solo llamado telefónico y un tercio no tiene acceso a electricidad.

Se nos dijo que, bajo mercados capitalistas, la globalización crearía un mundo más estable y pacífico. En lugar de ello, el terrorismo aumenta y el mundo se volvió menos seguro.

Nuestros empresarios censuraban la profunda corrupción que atravesaba los viejos regímenes comunistas centralizados, pero muchos de ellos incurrieron en una corrupción empresaria igualmente atroz, que llevó al derrumbe de algunas de las compañías "más confiables" del mundo.

Los neoconservadores atacaban el poder centralizado que ejercían los máximos representantes de la enorme burocracia estatal comunista, pero lo reemplazaron por un poder igualmente centralizado, concentrado en la dirección de las aproximadamente quinientas empresas multinacionales que gobiernan buena parte del mundo.

 

¿Por qué fracasaron las dos ideologías dominantes de la era industrial? Porque el principio central de cada una de ellas no se vio suficientemente atemperado por el antídoto de la otra, de modo tal de generar los ajustes necesarios para crear un mundo más amable para todos.

El principio central del comunismo encuentra su mejor expresión en el aforismo "de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad". En la práctica, sin embargo, el comunismo eliminó el estímulo personal y creó una forma de gobierno paternalista que despojó al individuo de todo vestigio de autonomía y convirtió a todos en virtuales guardias de un Estado todopoderoso. Finalmente, nadie era responsable de su destino individual y todos estaban sujetos a los dictados de burocracias estatales impersonales.

El principio central del capitalismo, por su parte, se encuentra en las palabras del economista escocés Adam Smith: "Todo individuo trata permanentemente de descubrir el uso más ventajoso para el capital del que dispone. Es su propio provecho, y no el de la sociedad, lo que tiene en cuenta. Pero el análisis de su propio provecho lo lleva de forma natural, o más bien necesaria, a inclinarse por el uso que resulte más conveniente para la sociedad."

 

Smith creía que una mano invisible gobernaba el mercado y aseguraba que todos resultarían beneficiados si se permitía que el mecanismo del mercado funcionara sin trabas. Los políticos y economistas neoconservadores siguen creyéndolo.

 

En la realidad, la mano invisible resultó ser de hecho invisible. Librado a su propia lógica interna, el mercado no lleva a una mayor distribución de la torta económica entre todos, sino a un juego en el que un solo ganador se lleva todo.

 

Copyright Clarín y Jeremy Rifkin. Traducción: Joaquín Ibarburu.

Nos acercamos entonces a nueva crisis global del capitalismo, que hoy tiene múltiples expresiones y no solamente en los valores inmobiliarios como señala la ministra Marina Arismendi en “La República” del domingo 7 de agosto (pag.16), pero si es una crisis global y afecta directamente a todos los valores,  amenazando como en 1929 a una cadena interminable de quiebras,  de caídas monetarias, y de precios de artículos a todos los niveles, manufacturados, o como materia prima.  Millones de seres humanos sentirán sus necesidades insatisfechas por no tener poder adquisitivo.-  La máquina de guerra estará pronta para cometer horrendos crímenes, o aumentar los que ya viene cometiendo.-

 

Nuestro problema, el de los revolucionarios que soñamos con un mundo habitable para toda la humanidad, es como paramos esta máquina de guerra, como afrontamos las crisis, como levantamos un programa que una a los mejores de la humanidad y le dé el poder de organizar la globalización empresarial en beneficio humano.-

 

La tarea parece superior a nuestras fuerzas; si Cristo fue derrotado, si Marx fue derrotado, si Lenin lo fue,  si Artigas, Bolivar,  lo fueron, porque nosotros tendríamos que triunfar.- Aun hoy el asesinato de Trotsky  no es analizado como un golpe brutal al avance del progreso humano.-

 

El Pepe D´Elia  siempre nos recuerda que no hay capitalismo sin crisis.-  Hoy cuando con cierto desacomodamiento vemos como los responsables de las políticas económicas hacen diseños para un mundo en crecimiento, tomando medidas que parecen inexorables, nos permitimos señalar que antes de la crisis de 1929 el mundo vivía al ritmo del charleston, y los índices en constante crecimiento.- Hoy el mundo gira al ritmo del avance tecnológico, los índices van hacia arriba, pero las brechas comienzan a ser señaladas desde todos lados, y los nubarrones de una gran tormenta se avecinan.- Jeremy Rifkin  lo dice con enorme claridad.-

En “La Onda” digital,  Bernardo Quagliotti Debellis  llega a la misma conclusión analizando la larga recesión de la economía japonesa.-

Frente a la planificación en confrontación y llenas de egoísmo suicida de las empresas multinacionales se impone la necesidad de planificar democráticamente a través de los organismos internacionales.-   El ser humano está ante el desafío de programar planificadamente su futuro o ser sometido a una tremenda catástrofe.-

Una publicación inglesa nos recuerda que Marx  es el más leído en esos lares, como si cientos, miles de seres humanos retomaran en sus magistrales líneas la fe en la humanidad. Y junto a él  los hombres como Engels, Lenin, Trotsky, Rosa y tantos otros que dieron los lineamientos de una organización humana superior: el socialismo

 

Jorge Aniceto Molinari                                                                     9 de agosto de 2005